Los virus del dengue y el zika, transmitidos por mosquitos del género Aedes, no solo provocan síntomas conocidos como fiebre, erupciones cutáneas y dolor articular. La ciencia ha descubierto algo mucho más inquietante: estos virus son capaces de modificar el olor corporal de la persona infectada para hacerla más atractiva a los mosquitos, aumentando así sus propias probabilidades de propagarse. Esta estrategia evolutiva convierte al cuerpo humano en un cómplice involuntario de su propia infección.
La molécula clave: acetofenona
Un estudio publicado en la revista Cell, liderado por el investigador Gong Cheng de la Universidad de Tsinghua (China) junto a Penghua Wang de UConn Health, identificó el mecanismo exacto detrás de este fenómeno. Al analizar muestras de piel de ratones y personas infectadas con dengue, los investigadores detectaron niveles anormalmente elevados de una sustancia llamada acetofenona, un compuesto con un aroma dulce que resulta especialmente irresistible para los mosquitos.
Esta acetofenona no la produce el virus directamente, sino un grupo de bacterias del género Bacillus que habitan de forma natural en la piel. En condiciones normales, el cuerpo mantiene estas bacterias bajo control gracias a una proteína antimicrobiana llamada RELM-alfa. El problema es que tanto el dengue como el zika suprimen la producción de esta proteína protectora, lo que permite que las bacterias Bacillus proliferen sin control y liberen mayores cantidades de acetofenona a través de la piel.
El hallazgo más reciente: el zika también actúa desde el interior de las células
Una investigación más reciente, publicada en Communications Biology (2025) por equipos de la Universidad de Pittsburgh y la Escuela de Medicina Tropical de Liverpool, añadió una segunda pieza al rompecabezas. Según el doctor Noushin Emami, coautor del estudio, el virus del zika altera el metabolismo celular de los fibroblastos dérmicos (las células de la dermis), modificando la producción de compuestos orgánicos volátiles que también resultan atractivos para los mosquitos Aedes aegypti.
En otras palabras: el virus no se limita a “esperar” a que un mosquito lo pique por casualidad. Manipula activamente la química de la piel humana en dos frentes distintos —el microbioma bacteriano y el metabolismo celular— para maximizar sus posibilidades de ser transmitido a un nuevo huésped.
Un dato curioso: la conexión con los medicamentos para el acné
Uno de los hallazgos más prometedores del estudio de Cell es que, en modelos con ratones, el tratamiento con isotretinoína, un medicamento comercial usado habitualmente contra el acné, logró reducir la producción de acetofenona y, con ello, la frecuencia de las picaduras de mosquitos. Aunque todavía es pronto para hablar de un tratamiento aprobado en humanos con este fin, este descubrimiento abre una vía completamente nueva para el desarrollo de terapias que corten la cadena de transmisión desde la piel, sin necesidad de atacar directamente al virus o al mosquito.
Por qué esto importa más allá del laboratorio
Casi la mitad de la población mundial vive en zonas de riesgo de dengue, y la falta de tratamientos antivirales específicos hace que la prevención siga siendo la herramienta más efectiva. Entender que el propio cuerpo infectado se convierte en un “imán” para más mosquitos ayuda a explicar por qué los brotes se propagan tan rápido en zonas urbanas densamente pobladas, y refuerza la importancia de actuar rápido ante los primeros síntomas, no solo por la salud del paciente, sino para frenar la cadena de contagio hacia otras personas del hogar o la comunidad.
Cómo protegerte mientras la ciencia avanza
Usa repelentes con DEET, icaridina o aceite de eucalipto de limón, reaplicando según las indicaciones del producto.
Viste ropa de manga larga y colores claros, ya que los tonos oscuros pueden aumentar la visibilidad ante los mosquitos.
Elimina criaderos de mosquitos eliminando agua estancada en macetas, cubos, canaletas y neumáticos.
Instala mosquiteros en ventanas y usa mosquiteras de cama si vives en una zona de alto riesgo.
Si presentas síntomas de dengue o zika, extrema las medidas de protección personal durante la fase febril, que es cuando el nivel del virus en sangre —y por tanto el atractivo hacia los mosquitos— es más alto.
En resumen
La relación entre los virus del dengue y el zika y los mosquitos que los transmiten es mucho más sofisticada de lo que se pensaba. No se trata de una simple casualidad biológica, sino de una estrategia evolutiva en la que el virus reprograma el olor corporal de su huésped a través del microbioma cutáneo y el metabolismo celular. Comprender estos mecanismos no solo es fascinante desde el punto de vista científico, sino que está abriendo la puerta a nuevas formas de prevención que podrían complementar, en el futuro, a los repelentes y las vacunas.
Disclaimer
La información contenida en este artículo tiene fines exclusivamente educativos e informativos y se basa en estudios científicos publicados en revistas especializadas. No sustituye en ningún caso el diagnóstico, tratamiento o consejo de un profesional de la salud calificado. Ante síntomas de dengue, zika u otra enfermedad transmitida por mosquitos, acude de inmediato a un médico o centro de salud. Ningún tratamiento mencionado en este artículo, incluida la referencia a medicamentos usados contra el acné, debe interpretarse como una recomendación de uso para prevenir picaduras de mosquitos o tratar estas infecciones; dichos hallazgos corresponden a estudios preliminares realizados en modelos animales y no han sido aprobados para ese fin en humanos. El uso de cualquier medicamento debe hacerse siempre bajo supervisión médica. Este sitio no se hace responsable por decisiones de salud tomadas a partir de la información aquí presentada.